Me he convertido en mi padre,
su mirada lejana cuando la quiere,
su melancolia, su seriedad.
No logré repetir sus cualidades,
tampoco sus defectos.
Sigo mi vida con la cabeza al aire,
los ojos fuertes.
De mi madre llevo la resignación callada
de las heroínas del día,
de las reinas de la rutina.
No traigo su belleza,
tampoco sus contradicciones.
De los dos recibí
los pies para caminar
mi ruta de soledad,
mi silencio.
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